Ese mágico momento familiar antes de dormir condensa el amor incondicional y el placer compartido de dejar volar la imaginación.


Un vínculo a través de la palabra, que calma y sana: la llave de acceso a sueños felices.


–Papá, ¿estás ahí?

–Sí. Estoy aquí, a tu lado.

–¿Y por qué no te veo?

–Porque he apagado la luz.

–¿Y por qué has apagado la luz?

–Porque es de noche, y tenemos que dormir…


«El cuento del otro día» representa el amor incondicional a los hijos -a través de un tierno diálogo en la oscuridad del cuarto poco antes de dormir- del que se desprende la capacidad de los niños para conseguir que la persona adulta recupere, de su etapa infantil

pasada, la emoción y la fantasía perdidas. Muchas familias se identificarán con esta estampa nocturna, aguardando a que los más pequeños de la casa queden vencidos por el sueño.

Desde el punto de vista infantil destaca la búsqueda de la protección del adulto, que calma el miedo a la noche, al silencio, a la soledad y a lo desconocido; la presencia física y la voz llenan ese vacío.


También se plasman los continuos “por qué” de las niñas y los niños que expliquen el mundo que les rodea, redundando en la seguridad buscada y reforzándola a través de la repetición, que les aleja de la incertidumbre y la desprotección frente a un entorno

cambiante e inseguro.


Pedir a los mayores que les cuenten cuentos calma esos temores. La voz afectuosa que relata una historia para dormir -jamás es sustituible por un aparato electrónico- se presenta como un vínculo fundamental en la relación materno/paterno-filial. En una suerte de ejercicio metaliterario, este padre le cuenta a su hijo un cuento en el que imagina que ambos son animales: canguros, águilas, ardillas… con Noemí Villamuza ilustrando

hermosas escenas familiares de colores y trazos suaves. Saltan, vuelan, comen, se bañan, juegan, se acarician o desarrollan acciones que entusiasman al pequeño, con entrañables

intervenciones espontáneas en las que él puntualiza, sugiere o añade emoción a una narración en la que el propio padre se involucra cada vez más. «El cuento del otro día» no deja de ser el mismo cuento de siempre, que calma y sana; la llave de acceso

a sueños felices.


Texto de Roberto Aliaga

Ilustraciones de Noemí Villamuza

Editorial: Kalandraka


Estamos en caballito. Moraleja Librería Infantil (No es local a la calle)

El Cuento Del Otro Día - Roberto Aliaga - Kalandraka

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Ese mágico momento familiar antes de dormir condensa el amor incondicional y el placer compartido de dejar volar la imaginación.


Un vínculo a través de la palabra, que calma y sana: la llave de acceso a sueños felices.


–Papá, ¿estás ahí?

–Sí. Estoy aquí, a tu lado.

–¿Y por qué no te veo?

–Porque he apagado la luz.

–¿Y por qué has apagado la luz?

–Porque es de noche, y tenemos que dormir…


«El cuento del otro día» representa el amor incondicional a los hijos -a través de un tierno diálogo en la oscuridad del cuarto poco antes de dormir- del que se desprende la capacidad de los niños para conseguir que la persona adulta recupere, de su etapa infantil

pasada, la emoción y la fantasía perdidas. Muchas familias se identificarán con esta estampa nocturna, aguardando a que los más pequeños de la casa queden vencidos por el sueño.

Desde el punto de vista infantil destaca la búsqueda de la protección del adulto, que calma el miedo a la noche, al silencio, a la soledad y a lo desconocido; la presencia física y la voz llenan ese vacío.


También se plasman los continuos “por qué” de las niñas y los niños que expliquen el mundo que les rodea, redundando en la seguridad buscada y reforzándola a través de la repetición, que les aleja de la incertidumbre y la desprotección frente a un entorno

cambiante e inseguro.


Pedir a los mayores que les cuenten cuentos calma esos temores. La voz afectuosa que relata una historia para dormir -jamás es sustituible por un aparato electrónico- se presenta como un vínculo fundamental en la relación materno/paterno-filial. En una suerte de ejercicio metaliterario, este padre le cuenta a su hijo un cuento en el que imagina que ambos son animales: canguros, águilas, ardillas… con Noemí Villamuza ilustrando

hermosas escenas familiares de colores y trazos suaves. Saltan, vuelan, comen, se bañan, juegan, se acarician o desarrollan acciones que entusiasman al pequeño, con entrañables

intervenciones espontáneas en las que él puntualiza, sugiere o añade emoción a una narración en la que el propio padre se involucra cada vez más. «El cuento del otro día» no deja de ser el mismo cuento de siempre, que calma y sana; la llave de acceso

a sueños felices.


Texto de Roberto Aliaga

Ilustraciones de Noemí Villamuza

Editorial: Kalandraka


Estamos en caballito. Moraleja Librería Infantil (No es local a la calle)

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